EL DATO ESCONDIDO
Existen
muchas técnicas para lo narrado en el mar atractivo para quien inicie, continúe
y llegue al final de la lectura, quedando así totalmente satisfecho. Cada
escritor busca su propio sorprendente final, con un giro dramático memorable,
que pueda embelesar la mente de todo lector. El dato escondido es un
elemento muy accesible que genera una incertidumbre en el lector, obligando a
no cesar en la lectura hasta descubrir un final que recuerde tras cerrar las
páginas del libro. Esta sensación indescriptible de no querer separarse de
una obra y experimentar el vacío que llega tras terminar una historia es, sin
duda, una de las sensaciones más satisfactorias entre lector y escritor.
¿Qué es, por tanto, el dato escondido? ¿Cómo debemos utilizarlo?
El dato escondido
Ernest
Hemingway en sus comienzos literarios, comenzó a suprimir u ocultar el hecho
principal: que su protagonista se ahorcaba. De este modo, descubrimos un
recurso narrativo que utilizará con frecuencia en futuros cuentos y novelas. De
este modo, el autor conseguía que el lector se esforzase, llenando así también
espacios en blanco propuestos por el autor con sus propias hipótesis y
conjeturas. Esta es la esencia de lo que los escritores conocen como El dato
escondido.
Sin embargo, narrar por omisión no puede ser compatible de manera abusiva. Este
silencio por parte del narrador debe tener un significado y un sentido
palpable, ejercer una influencia inequívoca sobre esta parte omitida de la
historia, activar así la curiosidad y la creatividad del lector, motivar a
seguir para poder descubrir si estaba en lo cierto o no.
Encontramos
dos subtécnicas para poner en práctica este método: hablamos del dato escondido
elíptico (cuando se omite por completo en la historia) y el hipérbaton (cuando
el dato se suprime provisionalmente para así crear una retrospección en la
historia). Tu eliges cual quieres poner en práctica, pero cuidado: debe ser
completamente compatible con tu modelo de historia, así como afín al género en
el que se ubique.
Historia del dato
escondido
Siempre
es más cómodo -y fácil- para comprender un concepto ejemplificarlo. Por
eso, nos detendremos en dos cuentos brillantes que usamos el elemento del dato
escondido.
En
primer lugar, les traemos el cuento Casa tomada de Julio Cortázar. El
autor argentino narra en este cuento la historia de dos hermanos que habitan en
el hogar que siempre han vivido, ellos y sus predecesores, hasta que la
narración se ve perturbada de una serie de eventos extraños. En el final,
Cortázar jamás desvela, explícitamente, esta incógnita creada en el lector,
dejando así un final inconcluso que genera desconcierto en quien lo lee.
En
segundo lugar, hablamos de El almohadón de plumas de Horacio Quiroga. El
uruguayo nos cuenta la grave enfermedad de una mujer, Alicia, tras volver de su
luna de miel. La mujer, tras recibir las múltiples visitas de los médicos,
no pudo ser diagnosticada ni pudo sofocar los machos de la protagonista. A
medida que avanza la narración, Alicia empeora hasta que, en el final, la mujer
fallece. Hasta este momento Quiroga no decide desvelar qué le ocurrió a la
mujer o cual era la causa, evitando así al espectador sin saber muy bien qué va
a evitar o quién podría salvarla. En este fragmento desvela un dato clave
para poder desarrollar la explicación de por qué la protagonista no consigue
salvarse, aunque el espectador no lo percibe hasta llegar al final de la historia.
"Alicia
fue extinguiéndose en su delirio de anemia, agravado de tarde, pero que remitía
siempre en las primeras horas. Durante el día no avanza su enfermedad, pero
cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Vida en nuevas alas de sangre.
Siempre siempre al despertar la sensación de estar desplegado en la cama con un
millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó
más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, aún más que
los arreglaran el almohadón . Sus terrores crepusculares avanzaron en
forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban difícilmente por
la colcha" (Horacio Quiroga, 1917).
Como
hemos detectado, esta técnica produce una sensación de misterio y expectativa
que lleva más allá de la novela, obligando así a la interacción entre lector y
autor. Es primero quien debe ahondar en la información que el segundo le
oculta, sacando así sus propias conclusiones hasta llegar al final de la
historia, donde el segundo puede revelar la información. La utilización de
este elemento literario es una forma de conservar la expectativa del lector,
esa incógnita generada supondrá un interés que el complejo es de obtener a la
hora de contar historias.
¿Te atreves a ponerlo en práctica? Recuerda que en la literatura ¡nada es
imposible!
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