EL ESTILO. ESTILOS INCONVENIENTES.
Estilos
que no son convenientes utilizar al menos en exceso.
Redactar bien no es lo mismo que escribir
literariamente. Es conveniente
conocer los registros de escritura que restan fluidez y naturalidad a la
narración.
ü El
estilo formal
El estilo formal
es habitual en documentos administrativos, informes técnicos y científicos,
discursos académicos, y en general, en todos los escritos de carácter
impersonal y de tono meramente informativo. La clave para captar la atención de
los lectores del siglo XXI, cuando las emociones cobran una dimensión nunca
vista, es la empatía, poco probable de alcanzar a través del estilo
formal.
El
estilo enfático
En el extremo
opuesto al estilo formal está el enfático. Un ejemplo:
Su
corazón se estremeció ante aquel alarido escalofriante que desgarraba los
tímpanos.
Es aconsejable
crear una atmósfera para dar relieve natural a la escena, a partir de allí
podría expresarse:
Entonces
se oyó un grito.
ü El
estilo retórico/poético
Un recurso poético puede potenciar la intensidad de una escena, y su
abuso puede convertirlo en un texto almibarado. Todo es cuestión de encontrar
el equilibrio.
El estilo
enfático es como el maquillaje excesivo, tarde o temprano se sabrá lo que hay
detrás de tanto rímel, pintalabios y colorete.
El
hecho ocurrió a las seis de la mañana, cuando el egregio coro de erráticos y
trémulos astros languidecían…
El texto está bien escrito, pero es
artificioso, empalagoso, pura retórica inútil.
ü Estilo
Asertivo
Al igual que el formal, el estilo
asertivo es apropiado para todos aquellos textos cuyo valor intrínseco y
eficacia resida en la objetividad informativa.
Los diálogos cotidianos están cargados
de me parece, no sé, según me dijeron, quizás,
tal vez, podría ser o yo creo. Se denominan modalizadores (de
los cuales tampoco hay que abusar). Esa naturalidad en el discurso de un
narrador avezado es lo que se echa de menos en el estilo asertivo.
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